Funtastic Dracula Carnival XII
Llegamos vírgenes. Cual níveas ninfas entre los bosques nos adentramos en el ovni funtástico. Nos cruzamos con los Kiss, unos muertos vivientes, algún que otro extraterrestre, JFK con un tiro en la cabeza y Jackie toda salpicada de sangre (ni rastro del francotirador, del descapotable o de los guardaespaldas) y un puñado de cavernícolas (neandertales).
Lo primero que vimos fue el baño. Le envié la foto a todo el mundo con el mensaje “esto es lo más y sólo he visto el baño”. Subimos las escaleras y me sentí entrando al bar lácteo Korova con lámparas de IKEA, pero no vi ningún drugo. Nos hicimos con unos draculines y fuimos a la barra a pedir leche-plus y unas piruletas.
Yo abría mucho los ojos y miraba en todas direcciones examinándolo todo. No quería perderme nada. No podía creer que estuviera allí. Con otros pocos privilegiados. Nos consiguieron la entrada a última hora.
La pulsera era de papel , lo cual no inspiraba mucha confianza y producía un temor inimaginable de que se rompiera y/o perdiera. Y había que activarla la primera vez que salías: el segurata te ponía un sello que ponía “ON”.
Salimos al patio y había otro escenario con DJ´s. Una reproducción del puente de Brooklyn con una piscina. Rodeado de puestos con la perdición en forma de vinilos. También había un puesto de pizza y otro de perritos. Venían acompañados de una tacita de caldo de pollo para la espera.
Futuro Terror. 21.00 Power Pop. Tres chicos vestido de Drácula y una bandera de ‘atsicsafitna òicca´ (acció antifascista), la puso al revés. Tardó un rato en darse cuenta. Pero me gustó lo que dijo: “El ovni será la muerte del fascismo". Esperamos con ansia la venida de los extraterrestres para salvarnos de nosotros mismos.
The Kaisers, los escoceses, digamos que podría ser unas de esas bandas que te traen el sonido de los 60 y te permiten imaginar como serían aquellos días, el comienzo de la movida en The Cavern ese Beat anglófono, clásico y enérgico. Sólo que estos se formaron en los 90.
Nos costó encontrar nuestro sitio para los conciertos. Pero al final nos hicimos con él.
Dirty Fences unos animales. Auténticas bestias escénicas. Con un sonido sucio y potente. El cantante hasta se partió la camisa. Les compramos su último L.P.
El rock de la calle llama a las hijas de la calle.
Cuando aparecieron The Neanderthals en el escenario entendí el porqué de tanta gente con aquella batamanta de leopardo. Error de neófita desinformada. Disfraces, Go-Go´s, onomatopeyas trogloditas y timbales en la cabeza. Ese hombre hasta tenía un mazo para golpearlo.
Buenas Noches "Capitán Cavernícola".
El segundo día todo era más fácil. Sabíamos llegar. No habíamos trabajado. Y teníamos café, hielo y cerveza. Todo junto no suena tentador, pero lo es. Fuimos directamente a la entrada principal y no contamos con que jugarían al despiste: se entraba por la puerta del patio. Subimos las escaleras, saludamos y fuimos directas a por un chute de primera hora:
Crackhouse. Zapatilla en horario infantil. La mezcla de Camión, La Moto de Fernan y otras bandas de la city of BeniYork, resultó dar adrenalina condensada en 22 minutos de actuación, fue un "venga espabila que vas a por el 2º Asalto y esto no ha hecho más que empezar".
The Pacifics los chicos de Dublín haciendo su punk beatleliano, con alguna que otra versión del punk 76 amenizaron el resto de la apertura de la noche. Nos recordaron a esa película llamada Good Vibrations donde en medio del cisco de las dos Irlandas empezaba a surgir la creación del punk irlandés con bandas como The Outcasts, Xdreamysts, The Undertones... Es la magia de este festival de reminiscenias constantes.
No lo vimos todo. No todo va a ser disfrutar de la música. También había que disfrutar del ambiente, de su gente y de los amigos. Probamos casi todos los asientos libres que vimos en el patio. Volvimos una y otra vez a comer pizza. Vimos unos vestidos y unas camisas estampadas funtásticamente monstruosas y me compré un llavero de piña (muy relevante).
También vivimos el ambiente paralelo al del festival. El del descampado donde dejamos el coche los que no dormíamos en Benidorm y nos tocaba hacer unos cuantos kilómetros de ida y vuelta. Fueron varias las visitas: Dejar vinilos. Beber cerveza. Coger la chaqueta. Coger la cámara de fotos. Dejar la chaqueta. Volver a dejar vinilos. Dejar la cámara de fotos. Y creo que ya.
The Gruesomes desde las tierras de Yellowstone, tomando un enfoque irreverente de la música, de actitud salvaje. El ambiente empezó a caldearse y a emanar dulces néctares. El techo empezó a rezumar sobre nuestras cabezas. Encaramadas en la plataforma en tierra de nadie. Entre los controles de sonido y los de luces. La noche estaba en plena efervescencia preparando el terreno para lo que vendría después.

La cosa ya iba cogiendo un matiz muy sucio, de suburbio. Cuando nos encontramos frente a The Revelators su cantante gritaba cual bestia salvaje. De primitivos instintos. Sin pudor y con exudación. Se comía el escenario tanto como el escenario se entregaba a él. Y es que nos encantan las bandas de tres, el poder del Power-Trío: guitarra, batería y voz. Aseguramos no echar de menos la base rítmica de un bajo.

Y llegó el final del fin. Para nosotras cuando llega lo que te hace pararte a pensar en medio de tanta fruición podemos morir tranquilas. Haber encontrado lo que veníamos buscando y nos lo han dado. Gracias Paloma & Varo por hacer que la resistencia del Rock'n'Roll sea tangible.
Cuando entramos a la sala vimos a un tipo flacucho y blanquinoso. Con un pelo y un cuerpo de otra época. Estábamos expectantes, intentando escudriñar qué iba a darnos. La gente empezó a agolparse. La mayoría estábamos quietos, observando. Poco a poco empezabas a mover un pie, la rodilla... Y cuando querías darte cuenta estabas agitando las caderas y sacudiendo la cabeza.
Después él empezaba a moverse. No podía parar. Movimientos desesperadamente rítmicos y espasmódicos. Pero increíblemente controlados. Y tú no podías más que bailar y abrir la boca. Extasiado. No podías creer que aquella guitarra siguiera tocándose sola. El control de su mano izquierda era estremecedor. De batería y bajo contundente, marcando un tiempo y un ritmo inmejorable. "Blancos sintiéndolo muy negro", la genética del Rock 'n' Roll se lo ha montado guapamente con estos chicxs de San Diego. Pura orgía sensorial.
Después de que el auditorio estallara en vítores y aplausos se vieron obligados a volver a subir al escenario. Creo que fue el único bis, al menos que yo viviera y pidiera. El éxtasis con bonus track. La Apoteosis. Quise comprarles un vinilo. Pero otro se llevó el último. Los milagros existen y son de piel, hueso y música.
Fue bastante increíble las
miradas y caras de fascinación de todos nosotros. Nos mirábamos los unos a los
otros, conocidos y desconocidos, absortos. Totalmente abducidos. Sin palabras sabías perfectamente lo
que estaba pensando la otra persona. Lo mismo que tú.
Después de tamaña manifestación musical y si los extraterrestes todavía no han venido a salvarnos. Solo nos queda desear que el año que viene nuestro dedo sea el más rápido y el click de ‘Comprar entrada’ llegue antes que el de los demás. Por que a la suerte no se la puede tentar, ya que en esta ocasión, se nos apareció una Funtástica y Oscura madrina como Ana Curra con dos entradas de última hora, a la cual estaremos eternamente agradecidas. Y que podamos seguir contándooslo gracias a Paloma & Varo por su magia para organizar cosas tan terroríficamente maravillosas como esta, año tras año. Y aunque es una cosa muy de “una vez en la vida” si son más pues mejor. No es excluyente.
¡Larga vida a la Nave!
Después de tamaña manifestación musical y si los extraterrestes todavía no han venido a salvarnos. Solo nos queda desear que el año que viene nuestro dedo sea el más rápido y el click de ‘Comprar entrada’ llegue antes que el de los demás. Por que a la suerte no se la puede tentar, ya que en esta ocasión, se nos apareció una Funtástica y Oscura madrina como Ana Curra con dos entradas de última hora, a la cual estaremos eternamente agradecidas. Y que podamos seguir contándooslo gracias a Paloma & Varo por su magia para organizar cosas tan terroríficamente maravillosas como esta, año tras año. Y aunque es una cosa muy de “una vez en la vida” si son más pues mejor. No es excluyente.
¡Larga vida a la Nave!
Texto e Imágenes:
Cristina Gómez & RugirEnRose
Cristina Gómez & RugirEnRose











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